De la trilogía festera, sin ningún género de duda, las entradas son las que llenan de más colorido y espectacularidad las calles de nuestra villa. El culmen de un año entero dedicado, en gran parte, a preparar un boato que satisfaga el anhelo de ofrecer al pueblo crevillentino –y a los cada vez más numerosos visitantes de otras localidades– un desfile de tronío que quede grabado en las mentes de nuestros convecinos. El boato de la comparsa cristiana Dragones, con su capitán, David Sánchez Riquelme, y su Princesa, María José Lledó Pérez, al frente de las huestes de San Jorge, fue de los que hacen mella en los corazones del pueblo crevillentino. Dicho esto, vayamos a la génesis de la entrada de las huestes cristianas por las calles de Crevillent.
El desfile arrancó, como viene siendo habitual, con el que fué Capitán del Bando Cristiano el pasado año festero, Salvador Puig, acompañado por Demelsa Sola, Castellana 2010, y África Puig, Castellana Infantil 2010. Tras ellos se fueron sucediendo filaes y carrozas de las distintas comparsas que forman el Bando Cristiano: Castellanos-Leoneses, con su Castellana Mª Pilar Murcia y su Castellana Infantil, Lara González; Astures, con su Bellea Mª del Carmen Parres; Almogávares, con su Rosa de Bronce Mª José Mas, que repetía en el cargo; Maseros, abanderados por su Masera de Honor, Mireia Martínez; y Caballeros del Cid, con la Infanta Díaz de Vivar Mª Dolores Candela al frente. Tras estas cinco comparsas llegó el turno de los Dragones de San Jorge, comparsa de alma joven pero curtida y cada vez más numerosa.
El boato dio comienzo con el rito de fuego del dragón, monstruoso, poderoso y mitológico enemigo doblegado por San Jorge que, sin embargo, ha sido sabiamente adoptado como guardián por las huestes del santo capadocio. A continuación, un numeroso grupo musical de niños de la comparsa dio paso a las carrozas de los cargos de años anteriores y a una filà especial femenina comandada, sin embargo, por un cabo masculino. Tras una carroza con los jóvenes del centro Virgen de los Desamparados el público asistió a un espectáculo medieval de banderas y pendones acompañado por el redoble de los tambores. Una filà de arqueras y otra masculina con un cabo batidor dio entrada a una eniorme carroza con las diez princesas –cinco de ellas, las infantiles– de los cinco años precedentes. Acto seguido, el fuego hizo acto de presencia, de nuevo, encabezando a un grupo de "gigantas" que hizo las delicias del público asistente por lo grandioso y al mismo tiempo novedoso de la representación. Sin tiempo para recrearse en el deleite, aconteció uno de los momentos más emotivos de la noche: la filà que rendía homenaje nuestro querido colaborador y, por desgracia, recientemente fallecido, Enrique Jordà Pallà, capitaneados por Eduardo, su hijo, que se fundió con José Ángel, nuestro presidente, en un sentido abrazo. Huelga decir que a más de uno, entre los que me incluyo, le saltaron las lágrimas. Con el corazón todavía en un puño hizo acto de presencia otro de los espectáculos más celebrados por los asistentes al desfile: una danza medieval representada por el Ballet Ópera de Ontinyent. Precedidos por un telar que conmemora el pasado alfombrero de nuestra villa y escoltados por un colosal e imponente grupo musical, llegó el momento cumbre de todo boato festero: la entrada del capitán y su princesa.




















