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Fecha      
14/06/2011
C贸mo y Cu谩ndo
Nuestra fiesta / Embajadas

Compuestas las Embajadas, y tras el visto bueno de la Junta Directiva de la Asociación, se escenificaron por vez primera el lunes día de octubre de 1976, con buenos resultados en líneas generales.

Pese a la novedad del texto y a los inconvenientes de todo estreno, la declamación fue excelente, no sólo por parte del veterano Manuel Martínez Montoya sino también por el novel embajador Manuel Adsuar Candela, quien demostró sus grandes cualidades de actor y lo pintiparado que le viene el papel. La escenografía resultó buena, ubicándose el castillo en la plaza de los Mártires, como de costumbre, la palestra en la plaza de Chapí, y el campamento en el paseo del Calvario con el montaje de una tienda de campaña, sobria y funcional, que lo simbolizaba adecuadamente.

Pero el movimiento de masas dejó muy mucho que desear. Las batallas de arcabucería fueron breves y parcas; la lucha al arma blanca, embarullada; y el desplazamiento de los festeros, tardío y anárquico. Y todo ello, fruto no sólo del natural e inevitable despiste ante el nuevo tinglado, sino también por la carencia de un verdadero director de escena con autoridad, que resultará imprescindible durante algunos años hasta que cada cual aprenda cómo y cuándo debe actuar.

Tales fueron las virtudes y defectos del estreno de las Embajadas y, como es lógico, pueden incrementarse aquéllas y eliminarse éstos en futuras representaciones, si se estudian y cuidan los detalles y si se pone interés y voluntad en el empeño. La aceptación definitiva de las Embajadas por la Junta Directiva de la Asociación tuvo lugar en la sesión celebrada el 6 de junio de 1977.

14/06/2011
El Texto
Nuestra fiesta / Embajadas

Buscando el equilibrio, cada Embajada consta de 250 versos en total, y para dotarles de cierto sabor arcaico, en paralelismo a la época que representa la acción, utilizó el tetrástrofo monorrimo alejandrino, estrofa y métrica del clasicismo medieval utilizadas por el mester de juglaría (poemas de Mío Cid, de Alfonso XI, etc.) y el mester de clerecía (Berceo, Hita…). El verso de 14 sílabas se transforma automáticamente en dos heptasílabos merced a la cesura, adquiriendo la agilidad del romance que no aparenta. Para soslayar la rigidez de la consonancia, y salvo algún caso aislado, opté por la rima asonantada que confiere el lenguaje mayor variedad, espontaneidad y naturalidad.

Siendo Crevillent una población bilingüe, era lógico aprovechar esta doble posibilidad expresiva que, al mismo tiempo, encajaba perfectamente para el diálogo entre los embajadores castellano y sarraceno por una parte y por otra entre el sarraceno y el catalanano-aragonés. Para conferir cierto grado de ranciedad y solera, he procurado imitar algunos aspectos, palabras y giros del castellano medieval, aunque todos ellos son perfectamente asequibles al oyente moderno. En cuanto al valenciano, las mismas diferencias entre el habla actual crevillentina y las formas comunes de otras comarcas de la región confieren por sí mismas una pátina de antigüedad aparente, sin necesidad de recurrir a modismos de siglos anteriores. Mediante una revisión crítica realizada por Manuel Martínez Montoya, estas diferencias se han reducido al mínimo, y las conservadas son plenamente inteligibles para el oído crevillentino aunque no las utilice en el lenguaje coloquial. Por otra parte, hay divergencias entre la grafía ortodoxa de algunas palabras y su fonética vulgar valenciana, lo que ha inducido a una detallada selección de las más afines; y, en algunos casos, no hay inconveniente en que se pronuncien a la manera crevillentina aunque vayan escritas según los cánones lingüísticos.

14/06/2011
Los Personajes
Nuestra fiesta / Embajadas

Por razones de índole práctica, y dado que las Embajadas no son sino pequeñas piezas teatrales, simples y rudimentarias, he reducido al mínimo tanto el número de personajes hablantes como la cantidad de texto asignada (seis personajes con un solo verso cada uno), concentrando todo el peso y responsabilidad del diálogo en los embajadores. Estos son tres en teoría: el moro y dos cristianos (castellano y catalano-aragonés) pero en la práctica los dos últimos pueden ser representados por la misma persona.

La designación de quiénes han de encarnar tales personajes debiera corresponder por completo a la Junta Directiva como responsable del montaje de toda la acción a desarrollar, pero razones festeras para realzar la misión de las comparsas de los capitanes aconsejaron transferir a éstas la facultad de escoger entre sus festeros al respectivo centinela, y los capitanes moro y cristiano fueron asimilados a los personajes del Alcalde y del Lloctinent respectivamente.

Con esta asimilación, en teoría lógica no se pueden enfrentar los dos capitanes en la batalla de arcabucería, sobre todo en la de la tarde, pero en la práctica será factible y conveniente remodelar la escena para que luchen entre sí ambos personajes como sucede en tantos y tantos pueblos de la región- cuando los crevillentinos le tomen gusto a la pólvora y los capitanes sean los primeros interesados en disparar largo trecho, cumpliendo así uno de los cometidos más importantes de su papel.

14/06/2011
El Contexto
Nuestra fiesta / Embajadas

Para que una acción sea lógica y verosímil debe concordar con las circunstancias ambientales en el espacio y en el tiempo, y por eso he procurado reflejar las correspondientes a Crevillente, incluyendo diversos topónimos locales (algunos de indudable abolengo árabe), referenciando hechos históricos recientes en 1265, y aludiendo a otros posibles en aquel momento y que luego fueron realidades. Consecuencias de esta adecuación festera a la historia han sido, entre otras, un lenguaje cometido respetando la dignidad del adversario, la captura cristiana del castillo por capitulación y no por conquista, y un cambio en el orden de las Embajadas (primero la cristiana y luego la mora) a la inversa de cómo se hace en otros lugares; todo lo cual les confiere aspecto y valores peculiares.

14/06/2011
La Forma
Nuestra fiesta / Embajadas

Emabaja al Rei Jaume I

Siguiendo las ideas básicas anteriores, resulta que el único texto histórico disponible serviría como soporte para la Embajada del Moro vespertina; y de la certeza del encarcelamiento del ra´is deduje la hipótesis adecuada de que el hecho fuese fruto de una escaramuza, posterior y consecuencia de la Embajada del Cristiano matutina. Entre la gama de motivaciones posibles para constituir el núcleo esencial o temático de esta primera Embajada, elegí la que me pareció más noble y digna: la pretensión castellana de que el ra´is renovase el juramento de fidelidad al Rey Alfonso ante la vecindad y poderío del Rey Jaime, a lo que los moros se niegan por inconsecuente e innecesario. Con ello se caldean los ánimos de los embajadores y aumenta la tensión del diálogo hasta desembocar en la intransigencia y rotura de hostilidades. La batalla subsiguiente finaliza con el apresamiento del ra´is por parte de los castellanos y con una breve arenga del embajador moro a sus correligionarios para evitar que persigan a los cristianos, ante el peligro de una emboscada en las montañas y para inducirles a regresar a Crevillent a rehacer la mesnada.

Por el contrario, la Embajada del Moro es radicalmente distinta porque no se trata de preparar una segunda batalla sino de desarrollar las premisas fundamentales de una negociación para firmar un pacto. De ahí se deriva un lenguaje frío y diplomático, una dialéctica sutil y precavida, un cálculo de probabilidades y conveniencias, un forcejeo de ofertas y demandas. Concluida la Embajada con la aceptación por ambas partes de las condiciones estipuladas en el campamento catalanano-aragonés ante los muros de Orihuela, la acción inmediata y lógica sería la representación escénica en Crevillent de la toma de posesión del castillo por un lugarteniente del Rey D. Jaime y la vuelta verosímil del ra´is liberado.

Sin embargo, entre ambos momentos o acciones (que en la historia real debieron estar separados por algunos días), se intercala una segunda batalla con el fin exclusivo de ocupar y desfogar a la masa de festeros, que deben tener un protagonismo activo tanto por la mañana como por la tarde. Como es inconcebible una lucha entre moros y cristianos tras una Embajada pacífica y concordante, la motivación para la batalla tenía que venir de los terceros en discordia: los castellanos hostigan a los moros durante su regreso a Crevillente y la lucha termina con la llegada de los catalanano-aragoneses. Y una vez concluida la batalla, se dirigen todos a Crevillente para la toma de posesión del castillo tremolando el perdón del rey Conquistador.

Aunque esta segunda batalla tiene una misión eminentemente práctica y festera, su justificación teórica es de orden secundario y a simple vista pudiera parecer un enquistamiento innecesario y hasta incongruente con el desarrollo general de la acción. Pero, analizando la historia de Crevillente en 1265 y del Reino de Murcia en el siglo XIII, se observa la evidencia de tres fuerzas presentes, vitales y concurrentes que actúan en la escena político-militar de la época en diversos momentos, circunstancias y medidas, protagonizando realidades indudables: Castilla, Aragón y los sarracenos de los reinos taifas de Al-Andalus.

Tales son las directrices que estructuran las Embajadas y las acciones bélicas complementarias, que permiten vertebrar la actividad festera llenado suficiente y adecuadamente un día completo de los Moros y Cristianos. El que ello se consigna en la realidad práctica dependerá del empaque y boato que los crevillentinos deseen conferir a las Embajadas, de la duración y volumen que quieran dar a las batallas de arcabucería, y del cuidado y esmero que presten a los mil y un detalles factibles de desarrollar y perfeccionar. Materia y posibilidades las tienen de sobra, y sólo falta un poco de ingenio artístico y un mucho de voluntad organizativa.

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